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samedi 30 décembre 2017

Milagros a granel

Milagros a granel

Milagros a granel

Escrito por P. Alfonso Gálvez. Publicado en Escritos del P. Alfonso

   

          He tenido la suerte de vivir y conocer ampliamente dos épocas bien distintas en la Historia de la Iglesia, ambas marcadas por el Concilio Vaticano II: la preconciliar y la postconciliar. La segunda supone un rompimiento con la primera y hasta cabe dudar que exista perfecta continuidad entre una y otra.

Se ha dicho, como una de las razones que justifican la introducción del Novus Ordo, que así se facilita un mayor conocimiento de la Misa por los fieles y su mayor participación en ella. Soy bastante anciano y he vivido los dos tiempos de la Historia de la Iglesia, por lo que creo que puedo presumir de alguna experiencia. De ahí que pueda asegurar que, pese a todos los defectos que sucedían en la Era preconciliar, la Misa Tradicional poseía mucho más sentido para los fieles, los cuales la vivían y participaban de forma inmensamente mejor que la actual. Y no voy a explicar aquí en lo que consiste la verdadera participación en la Misa porque no es el objeto de este artículo.

La Misa del Novus Ordo, fue impuesta a toda la Iglesia partiendo de una falsedad. Según Pablo VI la Misa Tradicional quedaba definitivamente abolida y suprimida, cuando tal cosa no era posible según un Magisterio anterior con carácter de infalible, y tal como he demostrado en diversos lugares de mis libros. De manera que el Novus Ordo se elaboró en un laboratorio protestante dirigido por masones, se impuso mediante una falsedad e incluso todo el Rito está bastante alejado de la Fe de la Iglesia.[1]

 Pablo VI quedaba así señalado como uno de los Papas más nefastos que han existido en toda la Historia de la Iglesia. No corresponde especificar aquí acerca de su vida y escritos (que yo he estudiado cuidadosamente), y quizá sea suficiente con hacer una breve sinopsis de su trayectoria. La cual comenzaría con la sustracción de Documentos secretos al Papa Pío XII, cuando era secretario suyo, para ser entregados a los soviéticos. Fue el gran instigador y verdadero autor del Pacto de Metz, que tanto dolor y desgracias ocasionó a la Iglesia existente tras el Telón de Acero. Aunque su obra cumbre fue la conversión sustancial de la Religión del culto a Dios en la Religión del culto al hombre. En su Discurso ante la ONU del 4 de Octubre de 1965 se presentó como experto en humanidad. Siguiendo los principios establecidos en el Concilio, y especialmente en la Declaración Dignitatis Humanæ, estableció el principio supremo de la dignidad humana como garante de la libertad religiosa y de un nuevo concepto de la Religión en general. Con respecto a España, fue el responsable de la destrucción de la que fue floreciente Iglesia Española, labor para la que se valió del tándem de Cardenales Dadaglio–Tarancón, los cuales consumaron la labor que les había sido encomendada.

Algunos argumentan a su favor recordando su Encíclica Humanæ Vitæ, un Documento magisterial defensor de la doctrina tradicional, cuyo contenido se opuso a un poderoso ambiente contrario de espíritu mundano que todavía hoy lo sigue combatiendo. Hasta yo mismo llegué a preguntarme a veces por el misterio de ese acontecimiento histórico. Puestos a pensar, sin embargo, creo ver en el problema de la Humanæ Vitæ un cierto paralelismo con el Motu Propio Summorum Pontificum del Papa Ratzinger Benedicto XVI.

A pesar de que casi todo el mundo piensa lo contrario, el Papa Ratzinger ha sido también profundamente nefasto para la Iglesia, cosa que afirmo fundamentado en que conozco bien su vida y sus escritos. A diferencia de lo que ocurre con muchos otros, cuyo idea del Papa Ratzinger no tiene otra base que lo difundido por una inteligente campaña de propaganda, muy bien orquestada además por los media. La gente suele olvidar fácilmente que Benedicto XVI también impulsó los famosos Encuentros de Asís, que tanto contribuyeron a fomentar en la Iglesia un espíritu ecuménico de confusión. Como así mismo ignoran que el Cardenal Ratzinger, luego Papa pero nunca retractado en sus afirmaciones, puso en duda el nacimiento virginal de Jesús así como la realidad histórica de su Resurrección (con lo que queda difuminada la realidad de su Divinidad). Tampoco están al corriente de que fue Ratzinger quien eliminó la validez del famoso Symbolus del Papa Pío IX y otros Documentos antimodernistas de San Pío X, alegando que habían quedado obsoletos. Con lo que quedaba puesto en duda todo el concepto del Magisterio Eclesiástico (si el Magisterio anterior ha quedado obsoleto, ¿quién puede asegurar que el actual no pueda estarlo algún día?) En la actualidad acaba de decir que el Cardenal Müller ha defendido siempre la Tradición en el espíritu del Papa Francisco. Ahora bien, puesto que Ratzingert es sobradamente inteligente para saber que el espíritu del Papa Francisco es incompatible con la Tradición, cabe preguntarse de qué se trata en realidad, cosa a lo que algunos contestan que no es sino un intento de estar bien con unos y con otros.

Por eso suelo decir que la Humanæ Vitæ es a Summorum Pontificum lo que Pablo VI es a Benedicto XVI. Misterios de la Historia de la Salvación cuya profundidad y significado sólo de Dios son conocidos. A veces Dios utiliza caminos y usa procedimientos inexplicables para los hombres. De hecho también se valió de la burra de Balaam para profetizar.

Ya sé que muchos estarán en contra de mis afirmaciones, y yo los comprendo. Sin embargo, en orden a salvaguardar la caridad y la verdad, sería deseable que quienes estén en contra de lo que aquí se ha dicho, aporten pruebas documentales para refutarlo, sin limitarse a expresar indignación cuando alguien afirma lo contrario a sus creencias. Sin olvidar que la palabra creencia no siempre supone el fundamento de un saber objetivo.

En los momentos en que redacto estas líneas se están atribuyendo milagros y más milagros a Pablo VI por parte de la Nueva Iglesia postconciliar. Por lo visto se trata de elevarlo a los altares con urgencia. Ahora bien, ¿a qué altares?

Como es sabido, es costumbre de Satanás desvirtuar las cosas volviéndolas del revés. Al fin y al cabo es el Padre de la Mentira. Y así lo ha hecho con un gran número de conceptos y realidades sobrenaturales, entre los que se encuentra como uno de los más importantes el de milagro.

Hasta ahora la Iglesia había sido extraordinariamente cuidadosa con el concepto del milagro. Salvaguardar el milagro era salvaguardar el culto y la devoción a los Santos, una de las columnas vertebrales de la Existencia cristiana. Era conocida la necesidad de la presencia del llamado Abogado del diablo para las canonizaciones, de innumerables comisiones y subcomisiones para el examen de los milagros (incluso de médicos y de sabios ateos), además de un estudio minucioso y más que detenido por obra de expertos que examinaban los pretendidos milagros, la mayoría de los cuales eran rechazados. El milagro se consideraba como algo absolutamente fuera de lo ordinario y enteramente inexplicable por causas o procedimientos naturales. Además había de ser realmente espectacular y sin que quedara duda alguna con respecto al autor de su realización.

En la actualidad todos estos procedimientos han sido eliminados. Sin entrar en detalles, podemos decir que todo ha quedado reducido a que cualquier cosa, atribuida a cualquiera y sin necesidad de pruebas puede ser considerada milagro. Pero lo más interesante a resaltar aquí es cómo ha sido revertido el concepto de milagro.

Antes se exigía lo absolutamente inexplicable por causas naturales, para considerar la existencia del milagro. Ahora en cambio se admiten como señales de milagro acontecimientos que podrían explicarse fácilmente por causas naturales, rechazando incluso cualquier objeción en sentido contrario, ya sea fundada en criterios naturales o sobrenaturales. Para entender lo cual, habremos de explica este último punto.

En primer lugar, hay que atender a un examen serio de los hechos. Alguien se siente presa de cualquier enfermedad y se encomienda al pretendido santo, por lo que al día siguiente, o al cabo de un cierto tiempo, aparece curado. El problema consiste, si bien se examina, en que resulta absolutamente imposible demostrar que la curación se debe al supuesto santo. ¿Quién y cómo podrá asegurar tal cosa y bajo qué fundamentos? Nunca existen pruebas objetivas que muestren una clara relación de causalidad entre la curación y el pretendido santo al que se invoca. ¿Habrá que basarse en la creencia de la Iglesia? Pero, ¿no es acaso la creencia lo que busca la Iglesia?

El último milagro atribuido a Pablo VI ha consistido en el hecho de una mujer que sufría un mal embarazo. La cual fue a orar a una capilla a la que en la época de su juventud, el futuro Papa Montini acudía a orar y donde sintió su vocación. La mujer ha conseguido un parto feliz, lo que ha sido suficiente para proclamar el milagro y atribuirlo a Pablo VI.

Pero si pretendemos ser objetivos y actuar honradamente, tal vez habría que exigir un poco más de seriedad a la Jerarquía de la Iglesia en asuntos tan delicados. El Pueblo cristiano está compuesto por gente sencilla y en gran parte iletrada, pero ni es un Pueblo retrasado mental ni tampoco de mentalidad infantil. No parece correcto suponer de antemano una ingenuidad de bajo índice intelectual en todos los cristianos.

En segundo lugar, porque no se pueden suprimir todos los requisitos necesarios para la proclamación de santidad. Tal como había dicho Jesucristo, a los hombres se les reconoce por sus frutos, que es una condición que no contempla excepciones. Pero hay mucha gente —yo mismo, por ejemplo— que conoce la vida y escritos del Papa Pablo VI. Y aunque aquí no nos vamos a detener en especificaciones prolijas, sí que podemos decir que lo que se conoce en este caso es absolutamente incompatible con la santidad. La Jerarquía puede hacer caso omiso de este requisito. Si acaso lo hace, tal cosa no impide la invalidez del pretendido milagro.

En resumen, como he dicho más arriba, tanto la declaración de la validez de los milagros como la de la santidad se hacen imposibles mediante la aplicación de los procedimientos actuales, a saber, acudiendo a las causas meramente naturales y desechando incluso las sobrenaturales. De hacerlo así, el milagro y la pretendida santidad desaparecen como volutas de humo. Por eso han sido suprimidos los criterios sobrenaturales para poner en su lugar procedimientos meramente naturales (sofismas y habilidades de ingenio aptas para mentes débiles).

Los cristianos actuales, débiles en la Fe y carentes de doctrina, están dispuestos a creer cualquier cosa que se les diga, sin fundamentos en la Fe o incluso con razones contrarias. Tal vez por eso decía el Apóstol San Pablo que Dios les envía un poder seductor para que crean en la mentira, de modo que sean condenados los que no creyeron en la verdad.[2]


[1] Tampoco voy a insistir en un tema sobre el que he escrito ampliamente en otros lugares.

vendredi 29 décembre 2017

El pesebre signo de decepción y fracaso

El pesebre signo de decepción y fracaso

El pesebre signo de decepción y fracaso

Decepción y fracaso

Queridos hermanos, escribo estas líneas el santo día de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Escribo en mi oratorio, ante un sencillo, humilde y hermoso nacimiento de escayola pintada; y contemplando la bendita escena me surgen las ideas que les expongo.

El blasfemo "pesebre" de la plaza del Vaticano, tras meditar y orar, me lleva al sentimiento de decepción y  fracaso.  Decepción y fracaso del Pontificado actual; decepción y fracaso de una Iglesia que no sale de su asombro y  paralizada; y decepción y fracaso de las expectativas del Concilio que nos ofrecía una "nueva" Iglesia, por fin, abierta al mundo y dialogante con él, que renunciaba a la Iglesia "cerrada" y sin inspiración divina, que los Padres conciliares habían recibido; decepción y fracaso de aquella "primavera" que nos vaticinaban los arquitectos del Concilio Vaticano II.

Pues bien, el actual Pontificado, la actual Iglesia, las expectativas y "primavera" del Concilio se resumen en una  imagen gráfica: Un  "pesebre" con imágenes travestidas, desnudo con cuerpo escultural, ángeles con senos, muerto incluido y …

"Nueva" Iglesia.

Estamos ante el signo y bandera de la "nueva" Iglesia, cuya "nueva" teología enseña: Nada es verdad ni es mentira, todo depende del color con que se mira. Sabia enseñanza y novedosa, de la que se desprende que ya no hay verdades absolutas, ni dogmas de fe, ni mandatos divinos que no se puedan obviar. Los "nuevos" teólogos, los "nuevos" Pastores, los "nuevos" eclesiásticos, enseñan con tesón, constancia y esfuerzo las "nuevas" enseñanzas" de la "nueva" teología de la "nueva" Iglesia. Porque lo que está expuesto en la Plaza del Vaticano, es el signo patente de la realidad indiscutible de la "nueva" Iglesia dentro de la Iglesia de Jesucristo. Decepción y fracaso de las ilusiones, de la alegría, de las expectativas del Concilio Vaticano II, porque ya en sí mismo llevaba el germen de la decepción y fracaso.

Contemplo mi nacimiento.

Contemplo mi nacimiento, y todo en él respira pureza, castidad, inocencia, humildad, pobreza; todo es santo, amable, apacible…, todo es en sí  un Misterio de Misericordia divina. Mejor dicho aún: es EL Misterio del Amor y Misericordia de Dios al hombre, que ya previendo este momento, preparó las entrañas inmaculadas de la Purísima Virgen, y escogió al castísimo San José.

Contemplo al Niño en el pesebre, y veo la majestad del Rey, la divinidad del Sacerdote y la sabiduría del Maestro, que ya me está enseñando: pobreza, castidad y obediencia.

La verdad no está sujeta al tiempo ni al espacio.

Contemplo la escena del Nacimiento, y siento reforzada y confirmada mi fe en la enseñanza tradicional de la Iglesia, porque la Verdad no cambia, no está sujeta al tiempo ni al espacio. La Verdad de Nuestro Señor Jesucristo se eleva sobre el tiempo y el espacio a los que está sometido el hombre, por la sencilla razón que tiempo  y espacio son idea de la Sabiduría de Dios, deseo de su Amor y obra de su Omnipotencia. Por lo que, no existe una realidad personal  de hoy distinta a la de ayer en todo lo concerniente a la salvación del alma, por la sencilla razón de que Dios todo lo ha previsto, sin dejar nadad fuera de su Sabiduría. La Omnipotencia y Sabiduría de Dios son de tal infinitud que la realidad del hombre concreto, con sus circunstancias personal y únicas, están en la mente divina hasta el fin de los tiempos.

La enseñanza de Jesucristo a su Iglesia, su Esposa,  a través de la Tradición y Sagradas Escrituras, tiene su vigencia inalterable en el tiempo y espacio. No hay nada nuevo "bajo el sol" que no esté previsto por la Santísima Trinidad.

La Iglesia de mi Nacimiento.

"Contemplo" "eso" instalado en la Plaza del Vaticano, y no puedo mantener la mirada ni un segundo, tiempo suficiente para la congoja, la tristeza, la rabia contenida, junto a una inmensa decepción y profundo fracaso de la  realidad eclesial que representa y es símbolo; realidad y símbolo totalmente opuesto a la realidad de Iglesia que contemplo al mirar mi Nacimiento.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.

El luteranismo y la reforma de la Iglesia

https://adelantelafe.com/luteranismo-la-reforma-la-iglesia/

jeudi 28 décembre 2017

RORATE CÆLI: A Christmas meditation

https://rorate-caeli.blogspot.com/2017/12/a-christmas-meditation.html

28 de Diciembre: Día de las víctimas del aborto | InfoVaticana

28 de Diciembre: Día de las víctimas del aborto | InfoVaticana

28 de Diciembre: Día de las víctimas del aborto

Hoy, con motivo del Día de los Santos Inocentes, queremos recordar a cada uno de los no nacidos que han sido víctimas del aborto. 

Cada cinco minutos se acaba con la vida de un no nacido en España. Este es el escalofriante dato recogido en un informe realizado por el Instituto de Política Familiar que analiza la realidad del aborto en España.

En los últimos 10 años se han perpetrado más de un millón de abortos en España. Tan sólo en 2015, el aborto se cobró 94.188 víctimas en nuestro país.

Por esta razón, en el Día de los Santos Inocentes, desde InfoVaticana queremos recordar a cada uno de los no nacidos víctimas del aborto y defender el derecho a la vida que a ellos les fue arrebatado.

Has podido leer este artículo gracias al esfuerzo de quienes hacen posible InfoVaticana, un portal de información libre e independiente que se sostiene gracias a la generosidad de sus lectores (si quieres ayudarnos pulsa aquí) y a la venta de libros (con tu compra colaboras con los gastos de la web)

El Tercer Mandamiento de la Ley de Dios

El Tercer Mandamiento de la Ley de Dios

El Tercer Mandamiento de la Ley de Dios

1.- El tercer mandamiento de la Ley de Dios

Manda honrar a Dios con obras de culto en determinados días prescritos y no trabajar sin verdadera necesidad.

a.- El precepto de santificar las fiestas

El precepto de dar descanso al alma para honrar a Dios es de ley natural. En la Antigua Ley, Dios determinó que se santificase el sábado. En el Nuevo Testamento el tercer mandamiento obliga a la santificación de los domingos y de las demás fiestas establecidas por la Iglesia.

Con el precepto acuérdate de santificar el día de sábado (Ex 20:8), se cierra la primera parte o tabla del Decálogo, que comprende las normas que regulan directamente las relaciones del hombre con Dios. También este mandamiento "es como una consecuencia del primero de los preceptos. Porque no podemos dejar de venerar públicamente, y dar gracias, a Aquel a quien adoramos en la intimidad de nuestro corazón, movidos por la fe y la esperanza que en Él hemos depositado. Y como esto no puede cumplirse fácilmente por quienes están ocupados en los afanes humanos, por eso se determinó, para que pueda llevarse a cabo con tranquilidad, un tiempo".[1]

Como los demás preceptos de la ley mosaica, este mandato divino recoge una exigencia moral de la naturaleza humana. El hombre, en efecto, ha de dedicar algún tiempo a tareas precisas, como son el descanso, el sueño, u otras parecidas. Pues de este mismo orden natural dimana que, al igual que al cuerpo, se conceda al alma algún espacio para que se fortalezca por el trato con Dios.[2]

Por otro lado, "la misma naturaleza social del hombre exige que éste manifieste  exteriormente los actos internos de culto a Dios, que se comunique con otros en materia religiosa, y que profese su religión en forma comunitaria".[3]

Se entiende, pues, que desde antiguo haya querido Dios recoger y confirmar con la ley revelada esa norma de moral natural, indicando además los días para Él reservados. De este modo, al establecer una cierta periodicidad en el culto, también quedó consagrado el uso del tiempo a Dios, su Autor y Señor, pues El creó: "en el firmamento de los cielos lumbreras para separar el día de la noche, y servir de señales a estaciones, días y años" (Gen 1:14).

b.- Sentido de este precepto

El precepto sabático del Antiguo Testamento recordaba al pueblo elegido la realidad de la creación y de su cumplimiento al séptimo día, en el que Dios descansó de su obra, bendiciendo y santificando ese día (Gen 2: 2-3). En el Éxodo se narra  cómo estableció Dios un día especial de la semana para que todo el pueblo le rindiera culto.[4] Se trata de un día de descanso consagrado a Yahvé, porque el mismo Señor bendijo el día de sábado, lo santificó, de modo que el hombre debe reservarlo exclusivamente para Dios, absteniéndose de trabajar, ofreciendo oblaciones y sacrificios[5], y gozando con paz y alegría del alma.[6]

Además de reservarse el sábado, Dios instituyó otras fiestas, en recuerdo de las misericordias y portentos que había realizado en su pueblo: principalmente, la salida de Egipto, en la festividad de la Pascua; su peregrinación por el desierto, en la fiesta de los Tabernáculos; y la promulgación de la Ley, en la solemnidad de Pentecostés (Cfr. Lev 23; Num 19 y 28).

La santificación de estos días -su dedicación exclusiva a Dios- aparece como un deber grave, subrayado reiteradamente de modo expreso a lo largo del Antiguo Testamento, e impuesto bajo pena capital[7], cuya estricta aplicación exige Dios, cuando se hace necesario que quede bien impresa en la mente del pueblo de Israel la gravedad de ese precepto . Más tarde, los profetas señalarán como una de las causas de la ira de Dios, que su pueblo no haya guardado sus sábados o no celebre las solemnidades con verdadera piedad.[8] Manifestación de que no respetan al Señor ni obedecen sus justos mandatos.

El precepto sabático es, pues, de naturaleza radicalmente religiosa y cultual[9] , en la que el reposo de las actividades productivas está al servicio del fin de adorar a Dios. Además, teniendo lugar en el último día de la semana, se muestra también como término al que hay que orientar cada jornada, y como un medio para renovar y confirmar la fe y la esperanza en el Mesías, que inaugurará el descanso definitivo en Dios (Cfr. Heb 4: 1-11).

En resumen, el precepto de la santificación del sábado recoge una prescripción de la ley natural, que Dios concreta en el séptimo día de cada semana, determinando a la vez el modo de santificarlo.

2.- El domingo, día del Señor

a.- El domingo

En la Nueva Ley, el domingo es el día del Señor –dies dominica -, en el que la Iglesia celebra la nueva creación del hombre en hijo de Dios, fruto de la Resurrección de Cristo.

Jesucristo, en ningún momento rebaja la santidad de ese día[10], pero no consiente que se confunda la consagración del sábado a Dios con las tradiciones humanas. Como dueño del sábado (Lc 6:5), Jesucristo hace la interpretación correcta del mandato divino: es lícito hacer el bien en día de sábado (Mt 12:12), aliviar las necesidades y curar las dolencias del alma y del cuerpo, tanto más cuanto que las obras de misericordia espirituales y corporales nacen de la misma caridad, del mismo amor filial, que mueve a que los verdaderos adoradores adoren al Padre en espíritu y verdad (Jn 4:23).

Del mismo modo que la revelación del Nuevo Testamento es más perfecta que la del Antiguo, así el culto exigido por Jesucristo -tanto privado como público ­ es más excelente.

Surge un nuevo culto, porque tenemos un nuevo Sacerdote y se ofrece una nueva Víctima, Jesucristo, cuya acción sacrificial queda perpetuada hasta el fin de los tiempos en el Santo Sacrificio del Altar. Del mismo modo que el sacerdocio levítico y sus ofrendas eran sombras y figuras del Nuevo Sacerdote y Víctima (Cfr. Heb 7: 23-25), así también el antiguo culto es sombra y figura del nuevo, inaugurado y cumplido por nuestro Salvador.[11]  La liturgia católica no es otra cosa que el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo.

Por eso enseña el Catecismo de Trento que "el tiempo en que se había de derogar el culto del sábado, era aquel mismo en que quedaban anticuadas las demás ceremonias y cultos hebraicos, es decir, con la muerte de Cristo. Porque siendo aquellas ceremonias como imágenes sombreadas de la luz y la verdad, era necesario que se disipasen con la venida de la luz y la verdad que es Jesucristo".[12]

Habiendo, pues, caducado el antiguo precepto sabático, se hacía necesaria una nueva determinación positiva que recogiera el mandato divino de santificar las fiestas: "Por esta razón determinaron los Apóstoles consagrar al culto divino el primero de los días de la semana, y le llamaron domingo".[13] Efectivamente, la Iglesia, por una tradición apostólica que trae su origen del mismo día de la Resurrección de Jesucristo, celebraba el Misterio Pascual cada ocho días, en la fecha que es llamada con razón día del Señor o domingo. Por eso el domingo es la fiesta primordial, que debe presentarse e inculcarse a la piedad de los fieles, de modo que sea también día de alegría y de descanso del trabajo.

Ya en ese fundamento apostólico y en el entronque directo con el día del Señor resucitado, se deja ver que el precepto dominical no es una mera determinación positiva de una norma de ley natural, sobre la que la autoridad humana -eclesiástica o civil- puede decidir a su arbitrio. A diferencia de las normas puramente eclesiásticas, donde la autoridad de la Iglesia puede decidir hasta suprimirlas por completo, y a diferencia de los preceptos puramente divinos, sustraídos por tanto a la competencia de esa autoridad, el mandamiento del domingo queda fuera del poder de esa autoridad en su principio, ya que por derecho divino la realidad figurada por el antiguo mandato sabático debe realizarse perpetuamente en la nueva ley.

En los Hechos de los Apóstoles se nos cuenta que los cristianos se reunían los domingos para celebrar la Eucaristía (Hech 20:7). Cuando los Apóstoles establecieron la santificación del domingo, y precisaron ese día y no otro, siguieron lo que inequívocamente era la voluntad de Dios.

San Justino (s. II) recoge esa costumbre y al mismo tiempo la justifica:

"Nos reunimos todos el día del sol porque es el primer día, en que Dios, sacando la materia de las tinieblas, creó al mundo; ese mismo día, Jesucristo nuestro Salvador resucitó de entre los muertos".[14]

Por eso el domingo no es, para un cristiano, un día como los demás. Todas las jornadas deben santificarse, pues hay que buscar a Dios en todo tiempo y lugar; pero el Señor ha marcado ese día como suyo: dies dominicus, día del Señor, y el cristiano ha de santificarlo como quiere Dios, acatando también de esta forma la voluntad soberana de su Padre y Señor.

Lo específico del precepto dominical es reservar un día preciso para la alabanza y servicio de Dios, tal como Él desea ser alabado y servido:

"Es un derecho y un poder de Dios exigir del hombre que dedique al culto divino un día a la semana, para que así su espíritu descargado de las preocupaciones cotidianas, pueda pensar en los bienes del cielo y, en la escondida intimidad de su conciencia, examinar cómo andan sus relaciones personales, obligatorias e inviolables, con Dios".[15]

b.- El sentido cristiano de las fiestas del año litúrgico

Además del domingo, la Iglesia, desde los primeros tiempos, ha ido instituyendo fiestas litúrgicas particulares, con distintos grados de solemnidad, algunas en días móviles, la mayoría en días fijos, para celebrar los misterios de Dios Nuestro Señor, honrar a la Madre de Dios, a los ángeles y a los santos o para conmemorar la dedicación de las Iglesias.

Las fiestas del año litúrgico son una gran ayuda para vivir pendientes de Dios y orientar, según su voluntad, todo nuestro pensar, hablar y actuar.

Todas estas fiestas, junto con los domingos, distribuidas según los tiempos, constituyen el año litúrgico.

Los días de precepto en España son:

Todos los domingos del año.
Santa María Madre de Dios (1 de enero).
Reyes (6 de enero).
San José (19 de marzo), (hecha opcional para algunos obispados).
Santiago (25 de julio). Propia de España.
Asunción de la Virgen (15 de agosto).
Todos los Santos (1 de noviembre).
Inmaculada Concepción (8 de diciembre).
Navidad (25 de diciembre).

Algunos de estos días son fijos para toda la comunidad católica creyente, otros, son opcionales y pueden ser cambiados por las diferentes Conferencias Episcopales de cada país.

3.- El primer precepto de la Iglesia

Para facilitar y asegurar la debida santificación de los domingos y de algunos días festivos más solemnes -las fiestas de precepto -, la Iglesia en su primer manda­ miento prescribe para estos días la asistencia a la Santa Misa.

a.- El precepto de oír Misa

El precepto de la asistencia a la Santa Misa obliga a oír Misa entera, el mismo domingo o día de fiesta o bien la tarde del día anterior (CEC, nº 2185), siguiendo con presencia corporal y con piadosa atención al menos las partes esenciales del sacrificio eucarístico. Evidentemente, el católico que tenga un mínimo de delicadeza en su vida de piedad, se esmerará en llegar puntual antes de que la Misa haya comenzado, y se quedará unos minutos después para dar gracias.

Salvo que la autoridad competente de la Iglesia estableciera un criterio diverso, quien no asista, al menos, desde el inicio del Ofertorio (Preparación de las Ofrendas) hasta el final de la Santa Misa, o desde el comienzo hasta después de la Comunión, no cumple el precepto.

Cristo instituyó la Santa Misa, dejando expresamente ordenado a sus discípulos: haced esto en memoria mía (Lc 22:19; 1 Cor 11:25). Y, en efecto, desde la época apostólica las reuniones litúrgicas tuvieron cómo centro la Eucaristía.[16] A esta tradición se remonta el precepto eclesiástico, confirmado ininterrumpidamente desde el siglo IV por el Magisterio de la Iglesia y vigente en la legislación de la Iglesia, de oír Misa los domingos y días festivos de precepto (CIC, c. 1247 &1).

La norma de derecho divino que manda la participación en el Sacrificio de Nuestro Señor, ha sido así declarada y precisada por el mandato de la Iglesia de oír Misa los días de precepto.[17]

b.- Obligatoriedad del precepto

El precepto de oír Misa los domingos y días de fiesta prescritos obliga bajo pecado mortal a todos los bautizados que gozan habitualmente de uso de razón y han cumplido los siete años de edad.

Se trata de un precepto que, tanto por la materia como por el modo como viene propuesto, obliga sub gravi, a no ser que sea imposible cumplirlo física o moralmente, es decir, cuando se dan motivos proporcionados a la naturaleza del precepto. Por ejemplo, enfermedad, distancia, necesidad grave propia o ajena, etc. Además, esas razones excusantes han de ser tanto más fuertes, cuanto más frecuentemente provoquen la omisión de ese deber.[18]

Los domingos y fiestas de precepto hay que abstenerse de los trabajos que impiden dar culto a Dios. A no ser que sean necesarios para el servicio público, o no se puedan aplazar por circunstancias imprevistas o por ser urgentes. Está permitido trabajar en obras de caridad y apostolado.

El mandamiento de la Iglesia se cumple sólo con la participación en el Sacrificio de la Misa. Ninguna otra celebración, aunque fuera litúrgica, satisface la finalidad del precepto divino; por lo que la autoridad legítima puede dispensar -en algunas circunstancias legítimas y siempre contingentes – de oír la Santa Misa, pero no tiene potestad para conmutarla en sentido estricto por otra práctica piadosa.

Quien está imposibilitado de asistir al Santo Sacrificio del Altar, podrá -y es además muy aconsejable ­ alabar a Dios de otra manera, pero no porque así satisfaga la obligación del mandamiento.

No satisface el precepto quien la oye por televisión. Así lo recordó Juan Pablo II en su documento "Dies Domini" (1988). Aunque oír Misa por televisión siempre será unan cosa laudable, pero no suple la obligación de ir a oírla personalmente, a no ser que haya una causa excusante

El mandamiento de oír Misa dominical se funda en dos realidades de origen divino: la santidad del domingo, como día reservado al Señor, y la plenitud de culto que se realiza en el Santo Sacrificio del Altar, fuente y cumbre de toda la vida cristiana.

4.- El precepto del descanso dominical

La observancia del descanso en los domingos y fiestas de precepto afecta a los trabajos serviles, a los actos forenses y, en algunos casos, a actividades como el mercado público, etc.

La obligación de no trabajar admite parvedad de materia: por ejemplo, un trabajo que dure sólo unas dos horas. En cualquier caso se debe procurar evitar el escándalo, sobre todo cuando, por causa razonable o dispensa, se puede lícitamente hacer un determinado trabajo.

Las causas que excusan del descanso dominical o festivo son: la necesidad propia o ajena, la gran utilidad pública, la piedad con Dios, la caridad para con el prójimo, la costumbre legítima.

El Catecismo de la Iglesia Católica precisa también una serie de detalles importantes: "

"Santificar los domingos y los días de fiesta exige un esfuerzo común. Cada cristiano debe evitar imponer sin necesidad a otro lo que le impediría guardar el día del Señor. Cuando las costumbres (deportes, restaurantes, etc.) y los compromisos sociales (servicios públicos, etc.) requieren de algunos un trabajo dominical, cada uno tiene la responsabilidad de dedicar un tiempo suficiente al descanso… A pesar de las presiones económicas, los poderes públicos deben asegurar a los ciudadanos un tiempo destinado al descanso y al culto divino. Los patronos tienen una obligación análoga con respecto a sus empleados" (CEC 2187).

Y en el número 2188 este mismo Catecismo nos dice:

"En el respeto de la libertad religiosa y del bien común de todos, los cristianos deben esforzarse por obtener el reconocimiento de los domingos y días de fiesta de la Iglesia como días festivos legales. Deben dar a todos un ejemplo público de oración, de respeto y de alegría, y defender sus tradiciones como una contribución preciosa a la vida espiritual de la sociedad humana. Si la legislación del país u otras razones obligan a trabajar el domingo, este día debe ser al menos vivido como un día especial para nuestra fe" (Heb 12: 22-23).

Padre Lucas Prados


[1] Catecismo Romano. parte III, cap. IV, nº. 1.

[2] Cf. Santo Tomás de Aquino, Summa Theologica, II-IIae, q. 122, a. 4, ad. 1.

[3] Vaticano II, Declaración Dignitatis humanae, nº 3.

[4] Cf. Ex 30: 15- 17; 34:21; 35:2; Lev 23:3; Deut 5: 12-15 ; Jer 27: 21-22; Am 8:5.

[5] En Num 2: 9- 10 se establece para el sábado un sacrificio de dos corderos: "el día de sábado, dos corderos primales, sin defecto. y como oblación. dos décimas de flor de harina amasada con aceite y su libación. Este es el holocausto del sábado, para cada sábado, a más del holocausto perpetuo y su libación". Según Ez 46:4, en el futuro la ofrenda de "los sábados será de seis corderos sin defecto y un carnero sin defecto".

[6] Cfr. Num 10:10; Judit 8:6; ls 58:13.

[7] "Guardareis el sábado porque es cosa santa. El que lo profane serán castigado con la muerte; el que en él trabaje será borrado de en medio de su pueblo" (Ex 31:14).

[8] Is 1:12-15; Jer 6:20; Os 6:6; Am 6:6.

[9] La institución del sábado como día de descanso y día sagrado es exclusiva de la religión judaica. Es un hecho que no puede explicarse a las razones de índole económica, cultural o social. El sábado es instituido por Dios directamente como señal del pacto, también único y exclusivo, establecido con el pueblo de Israel.

[10] Cfr. Mt 23:4; Mc 1:21; 2: 25-27;Lc 13:16; 14:15; Jn 9:16, etc.

[11] Cfr. Heb 9:10; Col 2: 16-17: "que nadie os juzgue por razón de la comida o bebida, o de una fiesta, o de los novilunios o sábados; porque todo eso era sombra de lo venidero, cuya realidad es Cristo".

[12] Catecismo Romano, parte III, cap. IV , nº. 5.

[13] Catecismo Romano, parte III, cap. IV , nº. 7.

[14] San Justino, Apologia, 1,67.

[15] Juan XXlll , Encíclica Mater et Magistra, 1961.

[16] Cfr. Hech 20:7; 2:42; 1 Cor 11, 17-22.

[17] Cfr. CIC, can. 1248. Según la legislación vigente, ordinariamente se puede anticipar al sábado por la tarde el cumplimiento de la obligación de asistir al Sacrificio de la Santa Misa. Esta concesión se ha hecho para facilitar a los fieles la observancia del precepto, e impone a los pastores de almas la obligación de poner los medios para que no se oscurezca el sentido cristiano del domingo (Cfr. Pablo VI, Instrucción de la Sagrada Congregación para el Culto Divino Eucharisticum mysterium, 25-V-1967, núm . 28).

[18] Para cumplir con el precepto de oír la Santa Misa es necesario hacerlo según el rito y en el lugar oportuno (cfr CIC, can. 1249); con atención al menos externa -es decir, que excluya cualquier actividad que de por sí impida seguir las ceremonias -, unida al deseo o intención de oír Misa; y con presencia corporal -no se cumple el precepto siguiendo la Misa por televisión – y continua. Por tanto, la omisión de una parte importante de la Santa Misa constituye una falta grave.

Nacido en 1956. Ordenado sacerdote en 1984. Misionero durante bastantes años en las américas. Y ahora de vuelta en mi madre patria donde resido hasta que Dios y mi obispo quieran. Pueden escribirme a lucasprados@adelantelafe.com

IL SUGGERITORE DI BERGOGLIO SUI MIGRANTI E' UN BILDERBERG DI GOLDMAN SACHS - Blondet & Friends

IL SUGGERITORE DI BERGOGLIO SUI MIGRANTI E' UN BILDERBERG DI GOLDMAN SACHS - Blondet & Friends

IL SUGGERITORE DI BERGOGLIO SUI MIGRANTI E' UN BILDERBERG DI GOLDMAN SACHS

Nei suoi discorsi ossessivi a favore dell'immigrazione senza limiti e il suo torvo, iracondo discorso di Natale  a difesa postuma dello Jus Soli, Bergoglio "sembra ispirarsi più a Soros che a Cristo", ha commentato il filosofo Fusaro,  accusando El  Papa di mettersi sempre più al servizio della "mondializzazione e dello sradicamento capitalistico".  Come mi ha ricordato un amico lettore, "Francesco" ha un ispiratore – o suggeritore o "gestore" –   più diretto di Soros. Un personaggio cui El Papa  ha dato in febbraio la presidenza della International Catholic Migration Commission,  e  che ha reso consigliere della Amministrazione del Patrimonio della Sede Apostolica (APSA). Un filantropo umanitario dell'abolizione dei confini che è anche, come dubitarne?, un banchiere  d'affari. Ed è anche molto, molto di più.

S'introduca qui Peter Sutherland,   da almeno 20 anni presidente non (più) esecutivo di Goldman Sachs ma ultra-esecutivo del Bilderberg (sta nello "steering committee, ossia nella direzione che   del Gruppo elabora  l'agenda politica  e i fini da raggiungere); ebreo di madre, sionista, ex presidente  della BP (British Petroleum) e contemporaneamente Rappresentante Speciale dell'ONU per le Migrazioni, tutte cariche che non ha lasciato quando"Francesco" lo ha incoronato presidente della Catholic Migration Commission.

http://www.wnd.com/2015/10/meet-the-popes-bilderberger-guru/

Ma è molto di più, Sutherland. E' stato Commissario europeo alla Concorrenza quando presidente della Commissione era Delors;  è stato direttore del WTO, Organizzazione Mondiale del Commercio, ossia del tribunale mondiale del commercio globale senza confini né dazi, che praticamente ha creato da sé. E' capo del Global Forum on Migration and Development, da cui 160 paesi prendono le direttive sulla migrazione.   Insomma è il globalista totale e assoluto,   con le mani in pasta in tutte le entità sovrannazionali ad un tempo (ONU, WTO, UE,   forse la massima eminenza grigia della "mondializzazione   e  dello sradicamento capitalistico"  nell'interesse della fiannza transnazionale.

Quasi dimenticavo: Sutherland è anche  presidente onorario  della Trilateral Commission e capo della London School of Economics, nonché  Cavaliere di Malta e membro dell'Opus Dei. Non si fa mancare nulla in posizioni di potere.

"La UE deve minare le omogeneità nazionali", per Sutherland.

Le sue idee:

"L'Unione Europea deve fare del suo meglio per minare l'omogeneità dei suoi stati membri", dettò nel giugno 2012.  Parlava in qualità di presidente del Global Forum on Migration davanti alla sottocommissione inglese dei Lords, che stava indagando sull'aggravarsi improvviso delle ondate migratorie.

La risposta essenziale all'invecchiamento delle popolazioni in Germania o nei paesi del Sud Europa è, "ed esito a dirlo perché il concetto è stato attaccato, lo sviluppo di stati multiculturali".  Il problema,   ha spiegato, sono le popolazioni, che "ancora  coltivano un senso della loro omogeneità   e differenza dagli altri. Ed è precisamente questo che l'Unione Europea, a mio parere, deve fare di tutto per  erodere". In  nome di cosa? "Della futura prosperità", rispose. " Stati Uniti, Australia e Nuova Zelanda sono  società  di migranti e quindi si adattano più prontamente a chi viene da un diverso mondo culturale.  E' una dinamica cruciale per la crescita economica".

Disse anche, Sutherland, che "si è passati dagli stati che scelgono i migranti, ai migranti che scelgono gli stati",  per cui la capacità della UE  di "competere a livello globale" è a rischio…ma  d'altra parte, ha ingiunto: la UE deve smettere di selezionare solo migranti "altamente qualificati"   perche  "alla base di tutto, gli individui devono avere libertà di scelta" di dove muoversi.

(Qui per l'articolo della BBC ,

EU should 'undermine national homogeneity' says UN migration chief http://www.bbc.com/news/uk-politics-18519395)

Come si vede,   è proprio l'ideologia di "Francesco", confusione e contraddittorietà compresa;  l'ideologia delle Bonino e Boldrini e  dei Manconi, del circo mediatico progressista. Da qui si vede bene come ad ispirarle sia il capitalismo mondializzato finanziario; per il  quale le "omogeneità" , ossia le identità storiche e culturali che fanno i popoli vari e diversi, sono un ostacolo  e un intoppo, una pretesa odiosa, perché il consumatore globale tipo dev'essere letteralmente "senza identità",  senza comunità,  "aperto" alle "esperienze", cosmopolita, nomade e senza "tabù", senza "pregiudizi" (e senza scrupoli),  di sesso variabile.  Nella esortazione di Sutherland che la UE  eroda,  mini,  indebolisca le "omogeneità" c'è   il disprezzo per la cultura  – ciò che fa à degli uomini esseri umani – come di sovrastruttura inutile e dannosa alla libertà diconsumo Allo stesso modo papa Francesco, giorni  fa, ha sproloquiato: "Gli europei non sono una razza nata qui, hanno radici migranti", evocando una  condizione anteriore alla civiltà e alla cultura – anche per lui, come per il presidente di Goldman Sachs,  la "omogeneità" culturale (quel che fa di ungheresi degli ungheresi,  la coesione di una comunità  e identità comune    saldata dalla storia, dalla lingua, persino dalle sue specifiche arti)  un fastidioso orpello che "resiste" alla "integrazione" senza limiti, una "mancanza di carità" contro la "accoglienza" – che oltretutto, completa il guru  Bilderberg  di El Papa, ci rende "meno competitivi sui mercati mondiali".

Ora El Papa ha affidato la Commissione Cattolica sulla Migrazioni al banchiere d'affari  e al Bilderberg  –   ostile alle "omogeneità" culturali, e che si adoprerà quanto può per "indebolirle"  (il verbo che ha usato è "undermine"), scalzarle, come se già non fossero abbastanza minate.  Per i papisti cattolici ingenui, quindi,  la questione da ideologica può venire fraintesa come morale: una questione di bene e di male. Nella confusione etica che lo stesso Bergoglio ha sparso a piene mani, la "omogeneità" nazionale di un popolo  è equiparata al male morale, e male sarà volerla salvaguardare.   Spero che almeno si possa chiedere questo: se l'omogeneità è un male, perché Sutherland   auspica che venga scalzata in Europa, ma non la impone ad Israele, stato che difende con l'apartheid la  propria  identità, che  si  rifiuta di estendere la cittadinanza ai palestinesi perché questo snaturerebbe il "carattere ebraico  di Israele", ossia la  propria omogeneità?   E' strano che tutto ciò di cui i noachici debbono liberarsi perché  vizio deplorevole, sia invece pregiato, bello e giusto per i talmudici.

mercredi 27 décembre 2017

Marche pour la vie 2018

https://www.enmarchepourlavie.fr/

La enseñanza paternal de la Ley de Dios

La enseñanza paternal de la Ley de Dios

La enseñanza paternal de la Ley de Dios

Aún estaba Él hablando, cuando los cubrió una nube resplandeciente, y salió de la nube una voz que decía: Esta mi Hijo amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadle. Mt. 17, 5.

Queridos hermanos, los preceptos de Dios son verdaderas enseñanzas paternales, no son una carga insoportable que nos impide ser felices, por lo cual hemos de aligerarnos de tal "carga". Escuchadle, es decir, "mi Hijo habla por Mi, sus palabras son las Mías. Son mis consejos paternales los que Él os dirige". El Señor nos da preceptos, mandamientos, para nuestra verdadera felicidad, como un buen padre para indicar el camino de su hijo  a fin de que no se extravíe. Esta la razón de los mandatos divinos, no extraviar nuestra vida, y perderla eternamente. El Señor es benigno y es recto; por eso da a los pecadores una ley para el camino (Sal. 24, 8). Si no nos ilumina su ley, entonces  viviremos en la oscuridad del mundo, de nuestros pecados, estando a merced del tentador, por esta razón dice el salmista: Aléjame del camino del error y favoréceme con tu ley (Sal. 118, 29). La Ley es un favor, no una carga; es la norma de la verdad y del bien para quien vive en la oscuridad. La Ley abre los ojos al ciego (Quita el velo de mis ojos, para que descubra las maravillas de tu Lay. Sal. 118, 18) y es guía para el peregrino (Peregrino soy en la tierra: no me ocultes tus preceptos. Sal. 118, 19). No podemos vivir sin la luz de la Ley de Dios; no podemos hacer nada  que Le sea agradable, no podemos santificar nuestra vida ni salvar nuestra alma. Sin los preceptos divinos pereceremos irremediablemente: Y tenemos algo más firme, a saber,  la palabra profética, a la cual muy bien hacéis en atender, como a lámpara que luce  en lugar tenebroso, hasta luzca el día y el lucero se levante en vuestros corazones (2 Pe. 1, 19).

Las Sagradas Escrituras consuelan verdaderamente. Sólo Dios nos salva  de las tentaciones y peligros del  mundo, demonio y carne, es el único que puede prometer y promete todo  cuanto necesitamos en el tiempo presente, siempre y cuando  estemos dispuestos a obedecerle, buscando su Reino y su justicia. Lo dice el salmo 118, 32: Corro por el camino de tus mandamientos, porque Tú me ensanchas el corazón. Hermosísimas palabras que nos llenan de verdadero gozo celestial: "Tú, Señor, ensanchas nuestro corazón porque andamos por el sendero de tus mandamientos". No puede decirse algo más hermoso. No puede el alma elevarse hacia la santidad sin seguir sus preceptos; no puede encontrar el alma gozo sin asentarse en los mandatos divinos. Los mandatos de Dios dilatan verdaderamente nuestro corazón  revelándonos los misterios de la Sabiduría divina, viniendo a nosotros el Espíritu Santo y otorgándonos todo lo que nuestro corazón desea: Pon tus delicias en el Señor, y Él te otorgará lo que tu corazón busca (Sal. 36, 4).

La promesa del Salmo 36, es un testimonio maravilloso del amor y bondad con que nos mira y cuida nuestro Padre Dios. Es un verdadero programa de santidad, es el programa que siguió la hermana de Lázaro, María, que eligió la mejor parte (María ha escogido la mejor parte, que no le será arrebatada. Lc. 10, 42). Entrega al Señor tu camino; confíate a Él y déjale obrar (Sal. 36, 5). Dejemos obrar al Señor, es decir, sigamos sus preceptos, no opongamos trabas a sus mandatos. Nuestra vida ha de ser una entrega fiel al Señor en el cumplimiento de su Mandamientos; si nos oponemos a ellos, nos oponemos a Él, cerrando nuestra vida a la acción divina.

Pues aquello de: No cometerás adulterio, no matarás; no hurtarás; no codiciarás; y cualquier otro mandamiento que haya, en esta palabra se resume: Amarás al prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo, pues el amor es el cumplimiento de la Ley (Rom. 13, 9-10). Esta es la ley básica de la vida cristiana, la caridad que es el resumen y cumbre de los Mandamientos de la Ley. No podemos hablar de amor al prójimo y no hablar del cumplimiento de los Mandamientos. No podemos preocuparnos por los problemas del prójimo desobedeciendo los Mandamientos, y ni mucho menos suscitando alternativas a los preceptos divinos.

Nadie está exento del cumplimiento de los Mandamientos de la Ley de Dios, a menos que quiera exponerse a perder su alma eternamente. Los Mandamientos son enseñanza paternal de Dios.

Ave María Purísima.

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa

Padre Juan Manuel Rodríguez de la Rosa. Nació en Palamós (Gerona) en 1956, y se ordenó sacerdote en 12 de octubre del 2007 en la catedral de Getafe. Es licenciado en Estudios Eclesiásticos y en Derecho Canónico. Preside una Asociación privada de fieles de vida de oración contemplativa. En la actualidad es capellán de una residencia de ancianos de Madrid. Es autor del vídeo "Mysterium Fidei" sobre la Misa tradicional.

Homélie pour le jour de Noël - Islam & Vérité

Homélie pour le jour de Noël - Islam & Vérité

Homélie pour le jour de Noël

 Is 52 7-10 ; Ps 97 ; He 1 1-6 ; Jn 1 1-18

L'homélie au format MP3

L'homélie avec l'Évangile au format MP3

Chers Frères et sœurs,

Nous voici rassemblés pour célébrer un événement tellement extraordinaire qu'il est à craindre que nous n'en percevions que très difficilement, voire seulement superficiellement, la réalité absolument merveilleuse…

En effet, la Parole par laquelle Dieu Se connaît, qui connaît donc Dieu, et qui vient nous Le révéler, Le Verbe de Dieu, S'est fait Chair (Cf. Jn 1 14) ! Et malgré les signes manifestes de Sa venue ― qui a changé l'histoire du monde ―, le monde n'en veut toujours pas (Cf. Jn 1 10) ! Il suffit de voir chez nous en ce moment l'arrêt du Conseil d'État ordonnant le retrait de la croix de Ploërmel ou la chasse aux crèches dans l'espace public ! « Il est venu chez les Siens, et les Siens ne L'ont pas reçu (Jn 1 11) »…

Même s'ils se pressent dans les églises en ces jours de fête, et a fortiori s'ils se contentent d'un bon réveillon, pour beaucoup, le Christ est venu pour rien… La plupart demeurent étrangers à la joie des anges et des humbles bergers, parce qu'ils n'osent pas croire une chose aussi impossible à imaginer : Celui par qui tout a été fait et sans qui rien n'a été fait, Lui qui est la Vie et la Lumière des hommes (Cf. Jn 1 3-4), est venu épouser Sa création, Se donner à elle, naître chez nous pour que nous puissions renaître chez Lui ! A ceux qui, à la voix du messager de la Bonne Nouvelle, éclatent en « un seul cri de Joie (Is 52 8) », Dieu donne de devenir enfants de Dieu (Jn 1 12) ! Un seul cri de joie parce qu'ils sont un, unis, vivent dans la communion avec Dieu et entre eux. Ils sont enfants de Dieu, parce que renés de l'eau et de l'Esprit !

Devenir enfant de Dieu, personne ne le peut, à moins d'avoir écouté la voix des guetteurs et leur appel retentir. Certes, beaucoup de jeunes n'ont pas reçu de catéchèse, et beaucoup en ont reçu une mauvaise. Mais cela n'explique pas tout : manque le témoignage d'une vie proche où jaillit sans cesse la joie apportée au monde par la naissance du Fils de Dieu… « Éclatez en cris de joie, ruines de Jérusalem (Is 52 9) » ! Si âgés ou abattus que nous soyons, il n'est plus possible de ne pas déborder de joie ! Même si notre vie nous apparaissait comme un tas de ruines, voici que Dieu, Se faisant semblable à nous, vient nous restaurer en une condition qui surpasse tout ce que l'on peut imaginer : ayant accompli la purification des péchés, Il fait de nous Ses enfants !

Puisque nous sommes devenus enfants de Dieu, comment pourrait-on ne pas être assez riche, assez beau, assez jeune, assez aimé ? Comment ne pas « éclater en cris de joie (Is 52 9) » avec le prophète Isaïe ? « Que résonnent le monde et tous ses habitants (Ps 97 7) » demande le psalmiste !

Pour saisir un tant soit peu l'immensité de la joie qui nous est offerte avec la Naissance incomparable de Jésus, il faut nous rappeler qu'en dehors de la purification de nos péchés, qu'Il a accomplie, nous sommes irrémédiablement pécheurs et voués au feu de l'Enfer… Par le péché, l'humanité a voulu se faire Dieu, aussi, pour sauver l'humanité, Dieu S'est-Il fait Homme ! Voilà la réponse de Dieu au malheur des hommes ! Dieu en avait fait la promesse à Israël par ses prophètes, mais toutes les traditions religieuses de l'humanité ont gardé en elles, plus ou moins confusément, l'espérance en l'intervention secourable d'une divinité bienveillante, écho de la promesse de salut faite à Adam et Ève après leur faute…

Nous n'aurions jamais pu imaginer ce que l'infinie Miséricorde de Dieu a fait en nous donnant pour Sauveur Jésus-Christ. « Il vient combler et même dépasser l'espérance des nations », dit la préface de la solennité de l'Annonciation… C'est pourquoi personne en dehors de l'enseignement de l'Église ne connaît qui est Jésus-Christ… Jésus-Christ n'est pas le grand Sage que vénèrent les philosophes, ni le précurseur des révolutionnaires, ni le premier communiste ; Il n'est pas un prophète comme le croient les musulmans, ni une manifestation de Dieu, comme le considèrent le Brahmanisme, le New-Age et tous les courants ésotériques. Il n'est pas le Grand Initié qu'imagine la Franc-maçonnerie. Si tous ces gens vénèrent Jésus, ils ne reconnaissent cependant pas qu'Il est Dieu. Sinon, ils seraient chrétiens ! Vénérer Jésus-Christ, ce n'est pas L'adorer… Seule la Révélation fait connaître Jésus-Christ, et seule la Foi Le connaît. Seuls ceux qui, avec les Bergers et les Mages, adorent Jésus-Christ sont chrétiens. 

Ne sont pas enfants de Dieu ceux qui sont nés de la chair et du sang, nous dit saint Jean (CfJn 1 13), c'est-à-dire ceux qui sont nés seulement de l'union légitime de l'homme et de la femme dans le mariage, ni ceux qui sont nés d'une volonté charnelle (Ibid.), c'est-à-dire en dehors du mariage, ni ceux qui sont nés d'une volonté d'homme (Ibid.), c'est-à-dire par la PMA, la GPA, ou, ― malheur ! – un jour peut-être, par le clonage !

Ils ne sont pas enfants de Dieu parce que le Don de Dieu n'est pas à mesure humaine ! Il dépasse toute espérance ! Les trans-humanistes peuvent bien rêver « améliorer  » l'humain par des implants et technologies de toutes sortes, ils ne feront que désirer la divinisation offerte par la communion à Jésus-Christ sans pouvoir l'atteindre… mais il leur faudra craindre les monstres qu'ils auront engendrés !

Seuls sont enfants de Dieu ceux qui renaissent par le Baptême et qui gardent le Trésor de la Vie divine jusqu'à leur mort – laquelle devient alors leur naissance à la vraie vie, la Vie éternelle. Ceux-là deviennent enfants de Dieu comme seul Jésus est Enfant de Dieu ! Jésus est enfant de Dieu par nature et nous le devenons par grâce. Ce que saint Jean exprime en disant : la Loi fut donnée par Moïse ; la grâce et la vérité sont venues par Jésus Christ. (Jn 1 18).

La Vérité appelle, cherche son écho au cœur de tout homme. A la lumière de la Rédemption, Elle offre Sa miséricorde. Mais ne L'accueillent que ceux qui entendent Sa voix, et lui répondent par des actes témoignant que la relation est acceptée, qu'une nouvelle vie est commencée, celle d'enfant de Dieu (Mt 7.21 ; Jc 2.18) . Ne sont pas fils de Dieu ceux qui n'entendent pas la voix de Dieu (Jn 8.47), ainsi que le pape Pélage 1er  le reconnaissait : « Les impies qui, soit n'auront pas reconnu la voix du Seigneur, soit l'auront reconnue mais l'auront abandonnée, séduits par des transgressions de toute nature, de sorte que par le choix de leur propre volonté ils seront devenus des 'vases de colère, destinés à la perdition' (Rm 9.22), Dieu les livrera par Son très juste jugement aux peines du feu éternel afin qu'ils y brûlent sans fin. »[2]. La réponse que nous renvoyons au Christ est concrètement perçue par la médiation de Son corps, composé de ceux qui Lui sont unis, et à qui Il nous demande de faire miséricorde pour nous rendre digne de recevoir la Sienne. C'est pourquoi « les saints jugeront le monde ? (1 Co 6.3) », eux qui auront été les membres souffrants du Corps du Christ, « quand le Seigneur Se révélera du haut du Ciel, avec les Anges de Sa puissance, au milieu d'une flamme brûlante, et qu'Il tirera vengeance de ceux qui ne connaissent pas Dieu et de ceux qui n'obéissent pas à l'Évangile de notre Seigneur Jésus, nous dit saint Paul. Ceux-là seront châtiés d'une perte éternelle, éloignés de la face du Seigneur et de la gloire de Sa force, quand Il viendra pour être glorifié dans ses Saints et admiré en tous ceux qui auront cru. (2 Th 1.6-10) ». Le Concile de Florence n'enseigne pas autre chose : « L'Église croit fermement, professe et prêche qu'aucun de ceux qui se trouvent en dehors de l'Église catholique, non seulement païens, mais encore juifs ou hérétiques et schismatiques ne peuvent devenir participants de la vie éternelle, mais qu'ils iront au feu éternel préparé pour le diable et ses anges (Mt 25.41)', à moins qu'avant la fin de leur vie, ils ne se convertissent (Eugène IV, Décret pour les Jacobites, 1442). ». Pour autant, « nous savons que ceux qui souffrent d'une ignorance invincible concernant notre très sainte religion, en observant la loi naturelle et ses préceptes, gravés par Dieu dans le cœur de tous, et qui sont disposés à obéir à Dieu, menant ainsi une vie honnête et droite, peuvent, avec l'aide de la lumière et de la grâce divines, acquérir la vie éternelle ; car Dieu […] ne permet pas que quelqu'un soit puni des supplices éternels sans être coupable de quelque faute volontaire (Pie IX, Quanto conficiamur moerore, 1863) ».

Bref, Jésus-Christ n'est venu au monde que pour naître aujourd'hui en nos âmes, par la foi et l'amour qui nous permettent de L'accueillir en Son sacrement de l'Eucharistie, le sacrement de Son corps et de Son sang, de Sa présence réelle. Accueillir véritablement Jésus-Christ, conduit à confesser à son sujet quatre affirmations aussi solidement unies que les quatre directions de Sa Croix ont dessiné le signe du Salut.

  • Le haut de la Croix, tendu vers le Ciel, nous fait confesser que Jésus-Christ est réellement et substantiellement Dieu, ME0000103515_m2Dieu par nature, Dieu dans la plénitude de la divinité. « Au commencement était le Verbe, et le Verbe était Dieu(Jn 1 1) »
  • La partie de la Croix fichée en terre nous fait confesser que « le Verbe S'est fait chair(Jn 1 14) », S'est incarné : Jésus-Christ est réellement et substantiellement homme, possédant véritablement notre nature humaine, et non pas une apparence, comme certains l'ont imaginé.
  • Les deux bras de la Croix nous disent que la nature divine et la nature humaine, appartenant toutes deux à Jésus-Christ, sont distinctes. C'est la raison pour laquelle dans l'Évangile, Jésus parle et agit tantôt comme Dieu et tantôt comme homme. Il n'y a pas de confusion entre ces deux natures, parce que la distance qui les sépare est infinie.
  • Ces deux bras de la Croix nous rappellent que ces deux natures, divine et humaine, étant bien distinctes, sans confusion ni mélange, appartiennent toutes les deux non à deux personnes différentes, mais à une seule et même Personne, la Seconde Personne de la Sainte Trinité, qui peut dire, à la fois : « Je suis Dieu » et : «Je suis homme». Jésus-Christ n'est pas une personne humaine, mais une Personne divine…

Nous ne pouvons pas comprendre que Jésus-Christ ne soit pas une personne humaine. C'est pourquoi seuls ceux qui croient peuvent L'accueillir, et, en L'aimant, s'unir à Lui, devenir participants de Sa nature divine comme Il est devenu participant de notre nature humaine, et ainsi devenir enfants de Dieu (Cf. Jn 1 12) !

Joyeux et saint Noël à vous qui croyez qu'en cette nuit Dieu est né pour que l'homme devienne Dieu !

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[1] Obéir, vient du latin oboedire « prêter l'oreille à quelqu'un » d'où « être soumis ».

[2] Pape Pélage 1er, Lettre Humani generis, DZ n°441. Il est absolument impossible que des hommes capables de faire des actes libres et donc moraux, ne soient pas, ou justifiés ou pécheurs. (ST, III, Sup., Q.69, a.7, ad 6 ; I-II, Q.89, a.6).

De William Bouguereau

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